viernes, 26 de febrero de 2010

Desde mi butaca "¡HOLMES HA VUELTO!"

Sherlock Holmes, o la máquina de observar y razonar más perfecta que el mundo ha tenido, brotó de la imaginación del escritor británico Arthur Conan Doyle, apareciendo por vez primera en la novela “Estudio en Escarlata”. Más de cien años después, Guy Ritchie recupera al personaje para la gran pantalla. Con un ritmo trepidante, sin apenas descanso, Ritchie actualiza, para bien o para mal, un personaje clásico, el detective por excelencia, convirtiéndolo en un héroe de acción que sabe usar a la perfección tanto el cuerpo como la mente. Estamos ante un Holmes más enérgico, visceral y físico que recuerda más al Sherlock de la fantástica serie de dibujos de Miyazaki que al original literario, pero que mantiene la esencia del personaje de Conan Doyle. El malvado y siniestro Lord Blackwood, apresado por Holmes y Watson a causa de una serie de asesinatos rituales, es condenado a muerte, mas antes de morir asegura que los crímenes no cesarán. Tras su ejecución, Blackwood regresará, inexplicablemente, de entre los muertos; ello conducirá a la pareja detectivesca al Londres más misterioso y sobrenatural en busca de la verdad.
Gracias a la neurótica cámara, que nos transmite una sensación de aventura en primera persona, y a las secuencias de cámara lenta y repetición que el director maneja a la perfección, el espectador no despega el ojo de la pantalla en todo el metraje por no perderse ningún detalle, tanto de las escenas de pura investigación como de las secuencias de acción, tan abundantes en la cinta. Robert Downey Jr. mantiene en su interpretacion de Holmes el nivel al que nos tiene acostumbrados, realizando un trabajo excepcional en la  confección de un personaje que desborda carisma y presencia y  del que te prendas desde su primera aparición; Jude Law, que da vida al Dr. Watson, aún ejecutando una perfecta interpretación, no está a la altura de su compañero. La película se aleja de las historias detectivescas con largos monólogos explicativos de la investigación, mutándolos por diálogos rápidos y simples, casi más de comedia que de cine de intriga o de acción. El Londres de finales del  XIX se abre ante nuestros sentidos como un lugar sucio, en construcción, de una realidad abrumadora, en un recorrido que salta de los bajos fondos a los lugares más elitistas, como el Parlamento. Ritchie vuelve a sorprendernos, como ya hizo con “Snack, cerdos y diamantes” - aunque parecía perdido desde entonces, resucitó con “Rockandrolla” -  y regresa a primera línea con "Sherlock Holmes" y como deja entrever, al final del film, puede que nos sorprenda con una secuela.


Crítica "Sherlock Holmes" de Guy Ritchie.
Publicado en  "El Día Cultural" el Viernes 29 de Enero de 2010.